Aspectos Psicológicos en pacientes con baja visión
La baja visión está asociada a diversas limitaciones derivadas de la pérdida visual que afectan las actividades cotidianas del paciente. Estas dificultades pueden clasificarse en:
- Ámbito profesional
- Comunicación (tanto verbal como no verbal)
- Actividades de ocio y tiempo libre
- Funcionalidad (movilidad, lectura, escritura, tareas de hogar…)
Tabla de contenidos

La manera en que el paciente afronta esta condición dependerá de varios factores, entre los que se incluyen:
- Actitud personal
- Nivel de conocimiento sobre su patología
- Grado de aceptación de la discapacidad visual
- Motivación
- Entorno social y familiar
- Estado cognitivo
- Progresión de la pérdida visual
- Edad
Es fundamental que el paciente se someta a un proceso de adaptación para ajustarse a su nueva condición visual. Aunque no ve como una persona sin patología ni cumple los criterios de ceguera legal, su visión residual puede ser funcional, dependiendo de los factores antes mencionados.
¿Qué implica el ajuste a la discapacidad visual?
La aparición de una discapacidad visual, ya sea de manera abrupta o progresiva, puede limitar la realización de actividades diarias y restringir la participación en situaciones de la vida cotidiana. Estas limitaciones afectan tanto a actividades simples, como caminar o comer, como tareas complejas, como leer, escribir, conducir o utilizar tecnología. Para continuar llevándolas a cabo, las personas deben reaprender o adaptar las estrategias necesarias.

El ajuste al déficit visual implica un proceso de adaptación a los cambios experimentados . Este proceso no se limita a aceptar las limitaciones, sino que busca minimizar los efectos de estas. Es crucial entender cómo las personas reaccionan ante la aparición del déficit visual y cómo se reorganizan para continuar con su vida, que no se detiene pese a la discapacidad.
Aunque una persona pueda adaptarse bien a su entorno habitual, el déficit visual puede reducir sus recursos adaptativos, afectando la percepción de sí misma. La pérdida progresiva de capacidades también puede requerir un mayor esfuerzo en las actividades diarias, así como el apoyo de familiares o grupos, generando en ocasiones situaciones de dependencia.
Las demandas del entorno pueden percibirse como abrumadoras, alterando el bienestar del individuo. Factores como la gravedad del déficit, las características personales, la evaluación de las amenazas percibidas y los recursos disponibles (tanto personales como ambientales) influyen en la forma en que cada persona afronta y evoluciona tras la pérdida visual. Aunque existen pautas comunes, el proceso de adaptación siempre será único y personal.
Relación entre la discapacidad visual y la depresión
No hay nada que pueda preparar completamente a una persona para afrontar una discapacidad visual. Mientras la persona se adapta a los cambios físicos y psicológicos, puede experimentar sensaciones de indefensión y frustración.
En este contexto, es esencial que la comunidad y los profesionales brinden los recursos necesarios. Los estados psicológicos del paciente son determinantes en el éxito de la rehabilitación visual y la adaptación a las ayudas disponibles. Si el paciente no está en un estado emocional adecuado, esto puede obstaculizar el proceso de recuperación.
El ajuste comienza generalmente con una negación de la realidad del problema visual, que se presenta al ser consciente de la pérdida de visión y de la imposibilidad de corregirla con métodos convencionales, como gafas, lentes de contacto o cirugía. Esta negación puede conducir a estados depresivos, los cuales, en algunos casos, requieren intervención psicológica.
La progresión del proceso puede incluir la pérdida de confianza, baja autoestima, disminución de la comunicación, limitaciones en la movilidad y alteraciones en el ámbito laboral o familiar. Por ello, la rehabilitación visual debe iniciarse cuando el paciente esté consciente de su condición y motivado para colaborar en el proceso.

Objetivos y estrategias en la rehabilitación visual
Es importante que el paciente comprenda que la rehabilitación no busca recuperar la visión perdida en la baja visión, sino optimizar el uso de su resto visual funcional para tareas específicas. Este proceso puede ser largo, pero, con la colaboración del paciente, se pueden lograr resultados positivos.
Los objetivos de la rehabilitación varían según la etapa de vida del paciente:
- Infancia: Enfocada en el desarrollo integral, asegurando la adquisición del lenguaje y otras habilidades esenciales.
- Adultos: Orientada a restaurar las actividades que permitan mantener una vida activa en el ámbito laboral y social.
- Geriátricos: Priorizando los intereses del paciente y atendiendo las áreas donde se requiera mayor apoyo.
La rehabilitación visual es un esfuerzo conjunto que requiere la colaboración de oftalmólogos, optometristas, rehabilitadores, psicólogos y otros profesionales. Este enfoque integral asegura que el paciente pueda adaptarse de manera efectiva y mejorar su calidad de vida.
Enfoque desde Verse Óptica
En Verse Óptica somos conscientes de que trabajamos con pacientes que tienen patologías irreversibles, y en muchos casos degenerativas. Por ello uno de los valores que caracteriza a nuestro equipo humano es la empatía, tanto a la hora de abordar la evaluación como el plan de entrenamiento de rehabilitación visual.
Además, en Verse Óptica entendemos que la rehabilitación visual es un esfuerzo conjunto que requiere la colaboración de oftalmólogos, optometristas, rehabilitadores, psicólogos y otros profesionales. Este enfoque integral asegura que el paciente pueda adaptarse de manera efectiva y mejorar su calidad de vida.
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